¿Es momento de una residencia?

Esp. Laura Martinez Kuhn
Especialista en Gerontología
Cuando una persona mayor comienza a necesitar más ayuda en su vida cotidiana, puede llegar un momento en el que la familia se pregunte si es hora de considerar una residencia geriátrica de larga estadía.
Muchas veces ya hay cuidadoras en la casa, pero la ayuda no alcanza. Aparecen nuevas necesidades, algunas de ellas vinculadas incluso con cuidados especializados. Lo que hasta ese momento funcionaba empieza a resultar insuficiente y pueden aparecer nuevas señales de alarma, desorganización, situaciones de riesgo y, sobre todo, sobrecarga familiar.
Es entonces cuando surge una pregunta difícil: ¿es momento de una residencia?
La decisión suele estar acompañada de tensiones familiares, miedos y culpa. También aparecen dudas: si es realmente lo mejor para la persona mayor, si es demasiado pronto, si todavía se podría sostener el cuidado en casa de otra manera o incluso si se está llegando demasiado tarde.
Antes de tomar esta decisión, hay algunas alternativas que se pueden evaluar.
¿Qué alternativas se pueden evaluar antes de decidir una residencia?
1. Ajustar las rutinas
El primer paso es revisar las rutinas y observar dónde están las dificultades y cuáles son sus causas.
Identificar qué situaciones están generando problemas puede ayudar a reorganizar la manera en que se están llevando adelante los cuidados.
2. Reorganizar el rol de los cuidadores
También es importante revisar cómo están distribuidas las tareas entre quienes participan del cuidado.
Para esto, hay que prestar atención a los vacíos, las superposiciones y aquellos momentos críticos en los que la persona mayor necesita más asistencia.
3. Incorporar apoyo profesional a domicilio
Otra posibilidad es sumar profesionales al domicilio, de acuerdo con las necesidades que haya que cubrir.
Puede tratarse de estimulación cognitiva, rehabilitación física, enfermería o cualquier otro tipo de apoyo profesional que resulte necesario.
4. Redefinir los acuerdos familiares
El cuidado también requiere revisar cómo se están organizando y comunicando los integrantes de la familia.
Es importante observar cómo se distribuyen tanto las responsabilidades como los gastos y si los acuerdos actuales están funcionando.
5. Adaptar el entorno
Por último, se puede trabajar sobre el entorno de la persona mayor, tanto desde el punto de vista físico como cognitivo.
El objetivo es favorecer su autonomía y, al mismo tiempo, evitar situaciones de riesgo.
¿Cómo evaluar si es momento de una residencia?
Después de revisar estas cinco posibilidades, seguramente cuentes con más información para evaluar qué es lo mejor para la persona mayor y para su situación particular.
Recordá que no estás sola en este proceso: ante la duda, siempre es conveniente consultar con un profesional gerontológico para orientar la decisión según las necesidades específicas de tu familiar.
A veces, no se trata de sostener más, sino de reorganizar el cuidado para sostener mejor.


