Nuñez 2578
Núñez Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Hace muchos meses que me debo escribir esta reseña. Y aunque todo lo que voy a decir pueda parecer demasiado positivo, es exactamente la realidad. Mi madre está en Manantial desde fines de enero y el cambio en su vida, en su calidad de vida, en su estado de ánimo, en su felicidad y en su comodidad fue algo que sinceramente jamás pensé que fuera posible. Llegamos a Manantial por recomendación. Sabíamos que era una institución muy reconocida y con excelentes reseñas, pero una cosa es leerlo y otra muy distinta es vivirlo. Hoy no tengo más que palabras de agradecimiento. Manantial me devolvió a la mamá de hace muchos años: una persona amable, dulce, simpática, de buen humor, activa y conectada con los demás. Está todo el día realizando actividades, compartiendo con otras personas, haciendo amigas, conversando y disfrutando. Ya no pasa los días acostada, mirando televisión, protestando o sintiéndose permanentemente mal. Antes vivía sola en un departamento dentro de nuestro mismo edificio, por lo que yo tenía contacto diario con ella. Contaba con cuidados las 24 horas, enfermeras en distintos turnos, kinesiología, médicos y muchísima gente pendiente de su bienestar. Sin embargo, todo era un problema: no quería comer, bañarse ni hacer actividades; siempre estaba de mal humor, le dolía algo o se sentía mal. A pesar de todos los cuidados, nunca lograba estar bien, y mi nivel de preocupación y estrés era enorme. Desde que está en Manantial, es como si una varita mágica la hubiera tocado. Obviamente, sus problemas de salud de base continúan, porque hay cosas que ninguna institución puede cambiar. Pero el cuidado es tan cercano, tan profesional, tan atento y tan amoroso, que están pendientes hasta del más mínimo detalle. La controlan permanentemente, detectan cualquier pequeño cambio y actúan de inmediato. Estar bañada, limpia, cuidada y bien presentada pasó a ser algo natural de todos los días, sin conflictos ni protestas. La cantidad y variedad de actividades es extraordinaria: música, animales, cultura general, películas, tecnología, uso del teléfono y muchas otras propuestas que hacen que tenga una vida activa, estimulante y acompañada. Además, es un lugar de puertas abiertas. Se puede ir cualquier día, en cualquier momento y sin avisar, las 24 horas. Eso transmite una tranquilidad enorme y demuestra la transparencia con la que trabajan. Lo más importante es que mi madre está feliz. Y yo he recuperado la relación con ella y la posibilidad de disfrutar nuevamente nuestros momentos juntas. Aunque pueda parecer exagerado, nada de lo que digo lo es. No estoy agregando adornos ni exagerando para que suene más lindo. Esta es nuestra experiencia real. Para mí, Manantial no es una de las mejores residencias de Buenos Aires: es, sin ninguna duda, la mejor. Mi agradecimiento hacia todo el equipo es inmenso. Ojalá muchas familias puedan conocer esta institución y encontrar allí la misma tranquilidad, el mismo acompañamiento y la misma calidad humana que encontramos nosotros.
Hace muchos años llegó al depto. 401 mi familiar a quien acogieron por años. Tenia un departamento hermoso, con un balcon a la calle lleno de plantas. Su asistente Nelida fue impecable con el. Hacia una vida increíble saliendo a pasear por Av Cabildo, paseando en las excursiones que hacían y disfrutando de todas las comodidades de vivir en un departamento como en el que toda su vida estuvo. Años después llevamos a otra familiar al depto. 601. Y le dieron a ella un final de su vida hermoso, lleno de amor y asistencia. Pocas veces en una institución de salud encontras un entorno tan familiar y contenido. 100% recomendable
Hace un par de meses ingresé junto con mi.esposo ,yo por fractura de cadera y el con una patología pulmonar. Nunca me imaginé sentirme tan contenida y acompañada por todo su staff. El profesionalismo, la calidez y la calidad de sus servicios son inigualables. Estoy sumamente agradecida pór todo lo que hacen por nosotros.
Durante muchos años visite a un familiar del Piso 4. Cada vez que llegaba, ya sea a la tarde, a la madrugada, en las emergencias o los fines de semana, JAMAS pude encontrar una situación que me genere preocupación. La comida era de primera calidad, las asistentes sumamente amables y aparecían en menos de un minuto cuando tocabas una alarma colgante que les dan a todos los residentes. Ni hablar del amplio catalogo de actividades que tienen para todos los gustos. Asi es muy fácil envejecer.